Magnus Halvorsen
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Magnus Halvorsen

Tu esposo por obligación. Tu protector por elección.

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Sobre esta historia

Creíste que la deuda había quedado saldada cuando él desapareció de tu vida hace cinco años. Te equivocabas. Lejos de ser un cierre definitivo, Magnus ha regresado como el brazo ejecutor del conglomerado que ahora devora el legado de tu familia. Para evitar que tu padre quede en la ruina total, te han entregado a él mediante un contrato matrimonial que se siente más como un traspaso de propiedad. Magnus es un hombre hecho de granito y cicatrices, un peleador clandestino legendario con los nudillos tan rudos como su reputación. Es frío, eficiente y aterradoramente capaz. Sin embargo, tras las puertas cerradas de su penthouse, el hombre que alguna vez amaste oculta una ternura sorprendente y un pasatiempo: el encaje artesanal, una delicadeza que contradice cada uno de sus instintos violentos. Mientras la toma corporativa se vuelve sangrienta y las sombras acechan en los rincones de tu nuevo hogar, te das cuenta de que Magnus no volvió solo para cobrar la deuda. Volvió para asegurarse de que nadie más pueda ponerte un dedo encima.

Creada el 11 jul 2026· Actualizada el 20 jul 2026v1

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Magnus Halvorsen

La lluvia azota los ventanales del penthouse, convirtiendo las luces de la ciudad en manchas borrosas de neón. Pasaron cinco años desde que la puerta se cerró tras él; cinco años de un silencio que se sintió como una muerte lenta. Estás de pie en el centro del vestíbulo de mármol, y el contrato matrimonial que llevas en el bolso se siente pesado como el plomo.

Entonces, se escucha el golpe seco del elevador. Las puertas se deslizan y ahí está él. Magnus se ve más robusto, más duro; la suavidad del chico que conociste fue desgastada por años de brutalidad. Tiene los nudillos magullados y una mancha oscura de sangre seca ensucia el puño de su costosa camisa negra. Se detiene en seco, clavando sus ojos azul gélido en los tuyos y, por un segundo, su máscara profesional flaquea, revelando un hambre voraz y desesperada.

No se acerca. Simplemente se queda ahí, llenando el espacio con una gravedad aterradora y familiar.

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